Así evitó un hombre que ardiera toda su ciudad tras un terrible incendio

El pasado 22 de diciembre se produjo en Japón uno de los incendios más devastadores de los ocurridos recientemente en el país del sol naciente. El suceso ocurrió en la Ciudad de Itoigawa, perteneciente a la Prefectura de Niigata, en la región noroeste de Hokuriku. El incendio no fue cosa menor y el fuerte viento que hacía en dicho momento -con rachas de 56 kilómetros por hora- provocó que las llamas, que en un principio afectaron a un restaurante de fideos el jueves por la mañana, se extendieran por todo un barrio de la ciudad. Debido al tipo de construcción utilizada en Japón, a la tarde el fuego seguía sin control y había consumido unas 140 viviendas. El barrio quedó arrasado.

Unidades de bomberos de la ciudad, ayudados por otros bomberos pertenecientes a otras localidades de la Prefectura, lucharon contra el fuego durante muchas horas, para evitar que el mismo se extendiese a otros barrios y causase un desastre aún mayor. Más de 10 horas después de producirse el incendio, ya por la noche, los bomberos lograron estabilizar el incendio, no sin antes haber calcinado por entero el barrio. Los daños materiales fueron cuantiosos pero, por suerte, no hubo que lamentar víctimas, tan solo dos heridos leves.

Pero el desastre pudo haber sido mucho mayor y triplicar los daños; de hecho, en algunos momentos lo bomberos desalojaron hasta 360 casas consideradas como zona de alto riesgo. Y no sólo las heroicas acciones de los profesionales, de los bomberos, lograron controlar las enormes llamas del incendio que se extendía por la ciudad. La obra de un “vecino anónimo”, un auténtico héroe que los medios nipones han dado a conocer días después del incendio, fue uno de los principales motivos por los que el incendio pudo ser controlado antes de extenderse a otros barrios.

Este héroe, que ahora ya no es tan anónimo debido a la acción informativa de los medios, se llama Yoshiro Kijima, y es un empresario local. Cuando los bomberos de la ciudad y de prefecturas vecinas se enfrentaban al incendio de grandes proporciones, nada menos que de 140 viviendas, no tardaron en quedarse sin su medio de batalla, el agua. Para apagar un incendio semejante se necesita gran cantidad de agua, mucha más de la que se pueden encontrar en los tanques de reserva. Los bomberos se quedaron literalmente sin agua, pero por suerte Kijima tenía una empresa con 10 camiones mezcladores de cemento.

Aunque el cemento no servía para nada en este caso, este empresario sabía que en cada uno de sus camiones se podía guardar entre 3.000 y 5.000 litros de agua. Yoshiro Kijima, de 67 años, se enteró del incendio al ser desalojado de su casa por la policía, pues la vivienda se encontraba en una zona peligrosa y cercana a las llamas. Salió de la vivienda y vio a los bomberos luchando por contener las llamas, y escucho a uno de ellos gritando “no tenemos suficiente agua”.

El empresario llamó al gerente de su empresa y le dijo, literalmente, “trae todo lo que tenemos”. Mandó a sus empleados llenar los 10 camiones de mezcla de hormigón con agua, algo que hicieron otras empresas cercanas del mismo sindicato. Con entre 3.000 y 5.000 litros de agua, los camiones no dejaban de salir de la empresa de Kijima hasta los tanques de agua en las áreas en donde los bomberos estaban tratando de sofocar el incendio. 10 conductores trabajaron durante toda la noche sin dormir, y otros miembros de la empresa preparaban comida y bebida para ellos.

Hiroshi Ono, jefe de la sección de prevención de desastres de la jefatura de bomberos de Itoigawa, aseguró a los medios del país poco después que los camiones mezcladores fueron causa principal de haber podido controlar el incendio: “no sabemos qué habría pasado si no hubiera sido por ellos“. Cada camión hizo 18 viajes con agua esa noche, con la dirección y la planificación de los mismos por el propio Kijima.

Lamentablemente para nuestro protagonista, las llamas consumieron su casa, por lo que no pudo contener las lágrimas delante de las cámaras. En su casa guardaba registros de defunción familiares que procedían de su familia desde el Periodo Edo (1603-1867), con gran valor histórico. Kijima perdió su casa, pero evitó que muchas otras fueran calcinadas por las llamas.

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